
Ottawa protesta por más restricciones
en la frontera
Por Mark Bourrie
Ottawa, Canada, 6 de noviembre (IPS) Ministros
canadienses criticaron la decisión de Washington de exigir
pasaporte y en algunos casos visa a los residentes en Canadá
nacidos en otros países de la Comunidad Británica
de Naciones que pretendan ingresar en Estados Unidos.
Washington catalogó injustamente a Canadá como
un país con fronteras permeables, y las nuevas normas
estadounidenses crearán dos clases de canadienses, protestó
el ministro de Inmigración, Denis Coderre. Las
pruebas y las normas que se aplican a quienes pretenden obtener
la residencia permanente en Canadá ya son suficientes,
declaró Coderre a la emisora Canadian Broadcasting Corporation.
La norma anunciada la semana pasada por Estados Unidos exige
sólo pasaporte a los residentes en Canadá que
sean ciudadanos de Gran Bretaña, Australia, Nueva Zelanda
y Singapur.
Pero la misma resolución exige pasaporte y visa a los
demás miembros de la Comunidad Británica de Naciones
(Commonwealth, conformada por países que reconocen a
la reina Isabel II como su jefa de Estado), en su mayoría
del Sur en desarrollo.
Rohinton Mistry, un escritor canadiense de origen indio, canceló
la semana pasada la presentación de un nuevo libro en
Estados Unidos al sufrir una humillación intolerable
en los aeropuertos estadounidenses a causa de su etnia, según
afirmó.
Creo que esto es discriminación racial y debemos
hacer algo al respecto, declaró el ministro Coderre.
El embajador de Estados Unidos en Canadá, Paul Cellucci,
defendió la exigencia de visa arguyendo que tiende a
estandarizar los requisitos de entrada para todos los ciudadanos
de ciertos países.
Si un residente de Canadá es ciudadano de un país
de la Commonwealth, se le aplicarán las mismas normas
que si residiera en ese miembro de la Commonwealth, porque ese
es su país, dijo Cellucci en una entrevista.
A alguien que viva en Pakistán se le exige visa
para entrar a Estados Unidos, entonces, a un ciudadano pakistaní
residente en Canadá, ¿no se le debería
exigir lo mismo?, preguntó.
Celluci aclaró que las nuevas normas no se aplicarán
a los ciudadanos canadienses, los cuales pueden entrar a Estados
Unidos sin pasaporte, siempre que presenten otros documentos
de identificación.
El gobierno canadiense trata de eliminar la impresión
al sur de la frontera de que Canadá ha sido un refugio
o lugar de paso para terroristas.
Inmediatamente después de los atentados del 11 de septiembre
de 2001 en Nueva York y Washington, funcionarios estadounidenses
especularon con que los terroristas habían ingresado
a través de Canadá.
Luego quedó claro que ninguno de los secuestradores
de los aviones había vivido ni estado en Canadá,
y que todos ellos residían legalmente en Estados Unidos.
Debido a las duras restricciones de ingreso impuestas por Washington
desde los atentados, en especial a ciudadanos de países
árabes y centroasiáticos, la cancillería
de Canadá advirtió el pasado septiembre a los
canadienses nacidos en esos países que reconsideren sus
eventuales planes de viajar a Estados Unidos.
Las nuevas medidas antiterroristas de Estados Unidos
incluyen la toma de impresiones digitales y fotografías
a ciudadanos procedentes de Irán, Iraq, Libia, Sudán,
Pakistán, Arabia Saudita y Yemen.
Maher Arar, un ingeniero de origen sirio que obtuvo la ciudadanía
canadiense en 1987, fue detenido el mes pasado en Nueva York
y deportado a Jordania sin notificación previa a las
autoridades de Canadá.
Actualmente, Arar está preso en Siria por no haber cumplido
el servicio militar obligatorio de ese país.
La reacción del gobierno canadiense fue enérgica.
Una persona que viaja con pasaporte canadiense es ciudadana
de Canadá y tiene derecho a ser tratada como tal. He
presentado nuestra protesta a Estados Unidos, dijo el
canciller Bill Graham.
Hacia un nuevo orden mundial imperial
Por Jim Lobe
Washington, DC, 9 de noviembre (IPS) Dos hechos
clave para vislumbrar el nuevo orden mundial imperial que construye
Washington pasaron casi inadvertidos, debido a los resonantes
triunfos del presidente George W. Bush en las elecciones del
martes 5 y en el Consejo de Seguridad de la ONU tres días
después.
El 3 de este mes, la Agencia Central de Inteligencia (CIA,
por sus siglas en inglés) dio muerte a seis personas
que viajaban en un automóvil por la desértica
región septentrional de Yemen. La CIA utilizó
un misil Hellfire guiado por rayo láser y lanzado desde
un avión espía no tripulado Predator.
La CIA alegó que una de esas personas era Qaed Senyan
al-Harthi, agente de alto rango de Al Qaeda (La Base), la organización
extremista islámica señalada por el gobierno estadounidense
como responsable de los atentados del 11 de septiembre de 2001
en Nueva York y Washington.
Washington aseguró que el gobierno de Yemen autorizó
el ataque, pero funcionarios yemenitas se negaron a confirmarlo.
Por otra parte, el gobierno de Mauricio llamó en forma
imprevista el 5 de este mes a su embajador en la Organización
de las Naciones Unidas (ONU), Jagdish Koonjul, ocupante de uno
de los 10 escaños rotativos del Consejo de Seguridad.
Washington se había quejado ante Mauricio de reticencias
de Koonjul ante el proyecto de resolución sobre Iraq
de Estados Unidos y Gran Bretaña. La moción fue
presentada formalmente al Consejo el miércoles 6 y aprobada
dos días después, con el voto de Mauricio y de
los otros 14 integrantes del cuerpo.
Según fuentes diplomáticas, el gobierno estadounidense
invocó su acuerdo de preferencias comerciales con Mauricio,
firmado en 2000, por el cual la contraparte se comprometió
a no involucrarse en actividades que socaven la seguridad
nacional de Estados Unidos o los intereses de su política
exterior.
La economía de Mauricio depende en gran medida de la
exportación de productos textiles a Estados Unidos.
El ataque en Yemen y la presión sobre Mauricio mostraron
hasta qué punto está dispuesto Washington a interferir
en la condición soberana de Estados nacionales, aunque
insista en que desea revitalizarla para contrarrestar tendencias
a la creación de un gobierno mundial de la
ONU y otras instituciones.
La presión económica con fines políticos
no es nueva en la historia de las relaciones internacionales,
pero la inclusión en un acuerdo comercial de cláusulas
subordinantes en materia de política exterior limita
el concepto de soberanía con un resabio del imperialismo
del siglo XIX.
El incidente en Yemen causó reacciones airadas en países
árabes, y fue comparado con la política de asesinatos
selectivos aplicada por el gobierno israelí contra
activistas palestinos, que ha sido condenada incluso por el
gobierno de Bush.
Luego de los atentados de septiembre de 2001, Yemen aceptó
asesoramiento y entrenamiento estadounidense para el combate
contra el terrorismo, al igual que Filipinas, Georgia, Pakistán
y otros países.
Colaboradores del secretario de Defensa estadounidense Donald
Rumsfeld comentaron con entusiasmo la operación en territorio
yemenita, a la cual definieron como un anticipo de lo que vendrá.
Tras las elecciones parlamentarias, en las cuales el gobernante
Partido Republicano consolidó su mayoría en la
Cámara de Representantes y recuperó el control
del Senado, tenemos nuevas autoridades, nuevas herramientas
y una renovada voluntad de hacer en cualquier lugar lo que deba
hacerse, dijo al diario The New York Times una fuente
del Departamento de Defensa.
El ataque en Yemen implica un extraordinario cambio de
umbral para las acciones militares estadounidenses, comentó
al diario The Washington Post un ex funcionario de Inteligencia.
Hace 13 años, durante la presidencia de George Bush,
padre del actual mandatario, el Departamento de Justicia afirmó
que Estados Unidos tenía derecho a arrestar en otros
países a sospechosos de delitos graves, sin consentimiento
del gobierno anfitrión, y esa doctrina fue desautorizada
por el Departamento de Estado (Ministerio de Relaciones Exteriores).
El gobierno de Bush ha enfatizado que se opone a cualquier
sistema de gobierno mundial, en el cual instituciones
multilaterales puedan afectar la soberanía de los Estados
nacionales sobre sus territorios, y en especial la soberanía
estadounidense.
La alternativa que Washington propone en teoría es un
orden internacional que revitalice el sistema de Estados nacionales
consolidado hace 354 años mediante el Tratado de Westfalia,
que puso fin a la Guerra de los 30 Años entre católicos
y protestantes europeos.
Ese acuerdo internacional consagró los principios de
soberanía nacional y no interferencia en los asuntos
internos de otros Estados.
El exsecretario de Estado George Shultz, quien estuvo al frente
de la diplomacia estadounidense durante el gobierno del republicano
Ronald Reagan (1980-1988), es el inspirador teórico de
la reivindicación del Tratado de Westfalia, que fue invocado
en junio en forma explícita por Bush, en un discurso
ante graduados de la academia militar de West Point, en Nueva
York.
En ese discurso, el presidente anunció también
por primera vez su decisión de mantener la total superioridad
militar de Estados Unidos en el mundo.
Shultz ejerce fuerte influencia sobre varios de los principales
asesores de Bush, y en especial sobre su consejera de Seguridad
Nacional, Condoleezza Rice.
El ex secretario de Estado sostiene desde enero que la campaña
internacional contra el terrorismo lanzada tras los atentados
de septiembre de 2001 debe revitalizar la autoridad de los Estados
nacionales, socavada por la globalización, y esa tesis
ha sido invocada en varias ocasiones por Washington contra el
enfoque multilateral de problemas internacionales.
El embajador itinerante para crímenes de guerra Pierre
Prosper, abogó en mayo por sistemas judiciales nacionales
capaces de actuar en casos de crímenes contra la humanidad
y genocidio, al anunciar que Washington retiraba su firma del
estatuto de la Corte Penal Internacional, encargada de juzgar
esos delitos.
A comienzos de este año, cuando la ONU, la Unión
Europea y el gobierno interino de Afganistán instalado
con apoyo estadounidense propusieron fortalecer el despliegue
en ese país de la Fuerza Internacional de Asistencia
para la Seguridad, Washington se opuso con el argumento de que
eso aumentaría la dependencia afgana del foro mundial.
El gobierno estadounidense alegó que era preferible
apoyar el lento y difícil proceso de creación
de un ejército afgano, aunque eso implicara prolongar
el predominio de señores de la guerra em gran parte de
Afganistán, que socava la estabilidad de ese país.
Pero las acciones de Washington en defensa de sus propios intereses
tienen escasa relación con la proclamada doctrina sobre
el fortalecimiento de las soberanías nacionales.
El especialista francés en política internacional
Pierre Hassner afirmó hace meses que la verdadera doctrina
de Bush es total soberanía para nosotros y total
intervención en los asuntos de todos los demás,
y que eso es típico de los imperios.
|